Tan abstracta y tan sublime

Hace poco le comenté a un amigo: La música es un de las creaciones más sublimes del ser humano. Él me respondió: Sí, tan abstracta y tan sublime. Tal declaración –llena de poesía, ¿verdad?, bueno, se trataba de un cineasta, tengo que confesar-, me hizo reflexionar: ¿cómo algo que no podemos ver, que no podemos tocar, que no podemos saborear, que no podemos oler, sino solo escuchar, puede ser tan maravilloso?

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Si nos ponemos a pensar sobre cuál es la función de la música, puede que las respuestas sean múltiples. En primer lugar, ella es una manifestación artística, y como tal surge de la creación humana. De ahí que me atrevería a decir que más que una función, la música responde a una necesidad de hombres y mujeres, seres humanos que la llevan dentro y fueron bendecidos con la capacidad de saber sacarla.

¿O es que acaso los compositores nos son personas a los que Euterpe, la musa de la música, le dio un poco de sus virtudes? Su creación ha sido durante siglos el motivo de existencia de muchos hombres y mujeres, para quienes crear música es como respirar. Sin ella no pueden vivir.

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